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Productores regionales arman cooperativas para sortear la crisis

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En Villa Unión de Talampaya, en La Rioja, avanza una experiencia para integrar la cadena de producción regional e integrarla con el turismo.

Con la reactivación económica que se demora y el turismo raleado, los productores regionales desempolvaron las recetas cooperativistas para achicar costos, realizar una producción solidaria y reorientar los productos que elaboran en función del movimiento de visitantes locales y extranjeros. La modalidad se extiende a varios rubros. No se trata solo de cooperativizar la producción de dulces, vinos o encurtidos propios de la zona sino que se extiende también a los servicios turístivos.

Una de las zonas en las que se multiplica esta opción es en el valle del Río Bermejo, en La Rioja, que busca aprovechar la atracción del Parque Nacional Talampaya para montar un circuito turístico- comercial que impacte positivamente en el comercio local.

Talampaya está ubicado en el departamento de Felipe Varela. En total, son 11.000 habitantes concentrados en su mayoría en la cabecera, Villa Unión, y con una colección de pueblos más o menos pequeños, como el pintoresco y productivo Aicuña, con 300 habitantes, donde se producen vinos de calidad, tejidos y nueces. En Aicuña, Nélida de Ormeño encabeza una unidad productiva familiar en la que se encarga de sacarle magia a un telar artesanal, en tanto que su hijo Leonardo está a punto de inaugurar una cooperativa para fabricar vinos que se elaboran en forma artesanal y que llevan el nombre del pueblo en la etiqueta. Por ahora son cuatro hermanos que levantan a pulmón la bodega a la entrada de Aicuña y que por ahora están produciendo 500 litros de cada variedad: syrah, cabernet sauvignon y torrontés.

Esta unidad productiva es más pequeña e incipiente que la cooperativa La Riojana que produce el riquísimo Santa Florentina, además de vinos, aceite de oliva y jugos.

A menos de 100 kilómetros de Aicuña, en Guandacol, un grupo de diez mujeres dio el puntapié inicial para lo que es hoy Unay, una cooperativa de tejidos en telar criollo. La idea que motivó la asociación fue rescatar el tejido tradicional en telar con técnicas incaicas que se estaba perdiendo. Lo que fue primero una escuela de capacitación en la que participaban una 40 mujeres como parte del Proyecto de Desarrollo de Tejido Tradicional Riojano decantó en un emprendimiento cooperativo que implica el pago de una cuota y por cada producto que se vende, el 90 por ciento va para la tejedora y el 10 por ciento se reinvierte en la cooperativa. Además de tejidos –ponchos, morrales, caminos de mesa, fundas para almohadonesla cooperativa produce y comercializa dulces y frutas secas.

Fuente: www.eldestapeweb.com

 

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