Culturales

La Feria de Salta y Nogoyá recuperó su clásico puesto de libros y revistas viejas

LIBROS FERIA
Juan Carlos García tiene 72 años y volvió a sus viejos amores. Desde hace algunos días reabrió su puesto en la Feria de Salta y Nogoyá con sus libros amarillos, las novelas rosas (tiene miles), revistas y comics que ya no vienen. Otra vez puso sobre la mesa sus carteles de entonces y le tiene expectativas al canje, ese método de intercambio de libreros que con este tipo de iniciativas se mantiene en el tiempo. El paseo de compras goza de muy buena salud, y al menos el fin de semana se llena de paranaenses que lo recorren con opciones que van desde la gastronomía, frutas y hortalizas, objetos de decoración y hasta una mueblería moderna.
García está contento. Llegó a la Redacción de UNO tardes atrás con un recorte periodístico de hace más de una década donde también se hablaba del canje y de la venta de libros. Tenía una primicia: cualquiera que visite ahora el Puesto 23 de la Feria más tradicional de la capital provincial lo iba a encontrar con toda su simpatía. Y así fue, en la mañana de ayer, el hombre atendía a un lector que ya atesoraba bajo el brazo un título de ciencia ficción.
“Es una especie de compraventa de libros y revistas usadas o atrasadas. Es que yo, antes, me dedicaba a esto”, dijo García.
A su puesto le puso J.C. por Juan Carlos y en un volante de color verde, no solo anunció su regreso sino que además dio a conocer que obsequiará 200 revistas a clientes y amigos en la inauguración oficial del local que hará el domingo 10.
“Por lo general hay libros que no se consiguen en otros lados porque son viejos”, afirmó García y uno con repasar los títulos más cercanos de las repisas corrobora la premisa.
Después, el hombre es dueño de una colección importante de novelas rosas, policiales, westerns, de ciencia ficción y hasta eróticas. “Pero además, las revistas que tengo acá no se consiguen porque las busco en Buenos Aires, son importadas”, dijo García y mostró varios números de decoración de interiores, de moda, diseño y hasta para niños de diferentes países.
Al charlar con García es fácil recordar de inmediato a los libreros viejos de Paraná, entre los estantes que uno reconoce de inmediato aparece ese olor a papeles amarillos como la de los libros que vendía Sultanino.
Pero hoy, quien quiera hacerse de un Paturuzú, Isidoro, D’artagnan, El Tony, Intervalo o Conan tienen un lugar para ir a revisar. García fue fletero toda su vida, y cuando podía, sobre todo los fines de semana, atendía su puesto en la Feria. Después abandonó la tarea durante mucho tiempo y ahora volvió como un clásico de este tradicional paseo de compras.
Además vende barato: un libro, el más caro, cuesta 50 pesos. El canje también es uno de sus fuertes: “Viene gente con una novela y se lleva otra que no ha leído y le cobro solo 3 pesos. Es decir que si me trae 10 novelas, se lleva 10 por 30 pesos y así. También hago dos por uno”, dijo el hombre y estaba entusiasmado. Es que no es para menos, se lo veía ahí, en el medio de la gente ofreciendo los libros y las revistas, ordenando aquellos estantes por los que minutos antes había pasado alguien en el rastreo de algún título.
La Feria luce cuando está llena de puestos como ahora, sobre todo los domingos. No solo hay frutas y verduras, quesos y salames, también se venden ollas, objetos de decoración, miel, perfumes, juguetes, conviven las facturas con una mesa llena de tappers al lado de otra con flores de plástico; hay otros puestos de libros, una carnicería, los que hacen patas y las cortan ahí nomás, los que venden pastelitos para la tarde y ropa ya con algunos modelos de verano.
La Feria es un lugar de encuentros, es la posibilidad de acceder a otra economía, a otros costos; es uno de los lugares más importantes para los emprendedores de Paraná.
Pero además se sabe que el que quiere locro para las fechas patrias, ahí lo va a encontrar y de muy buena calidad; cuando llueve los puestos de tortas fritas abren incluso más allá de los horarios previstos; y el 1° de agosto es el lugar para ir en la búsqueda de la caña con ruda.
Ayer había mucha gente, hay un puesto por ejemplo que vende todo tipo de yuyos para hacer té y cada bolsa cuesta solo 20 pesos; un kilogramos de yerba orgánica cuesta 85 pesos; 40 pesos cuesta una bandeja de pastelitos.
Cuentan los que saben que la Feria de Salta y Nogoyá nació por la década del 40 del siglo pasado y que hasta se vendían animales vivos de corral como gallinas ponedoras y patos. Los puesteros llegaban temprano, antes del alba cuando gran parte de los barrios de Paraná y sus alrededores eran campos y pasturas.
Habrá que reconocer que este lugar, y gracias principalmente a los emprendedores locales, se mantuvo a los largo de las décadas, y de los procesos políticos y sociales. Lo cierto es que hoy, este espacio sigue siendo un paseo y un lugar para comprar, o como dicen los viejos, un espacio para hacerse de nuevos amigos.
La Feria de Salta y Nogoyá ya tienen sus nuevos horarios para el verano: de lunes a sábados abrirá sus puertas de 8 a 13 y de 17 a 21; mientras que los domingos y feriados hará lo mismo de 8 a 13.30.
Fuente: Diario UNO

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